Se tambalea el proyecto de la Cuarta Transformación
La línea de flotación de la Cuarta Transformación la tienen López Obrador y Claudia Sheinbaum, pero la responsabilidad es compartida hacia los demás integrantes del gobierno, del partido y del Poder Legislativo.
Febrero 23 de 2026
Con su amplia hegemonía política y de gobierno, lo que pasa en Morena se resiente en todas las esferas del país. De ahí que los enfrentamientos, ataques, escándalos y revelaciones que hay de colusión con el crimen organizado o de corrupción no sólo cimbren al partido, también la estabilidad del país.
El plan amloísta era que en esta administración encabezada por Claudia Sheinbaum la consolidación del segundo piso del proyecto de la Cuarta Transformación se pavimentaría de manera aterciopelada, sin socavones en los que se hundiera el tren del bienestar. Esto sería así porque las principales reformas constitucionales ya estarían aprobadas por una mayoría aplastante tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado.
Pero lo que no se previó es tener una estrategia de control de daños ante lo que ya se avecinaba al final del sexenio pasado: los escándalos de corrupción, las denuncias de colusión con grupos criminales por parte de algunos de sus principales miembros, la tradicional costumbre de enfrentamientos entre las tribus que hay en el interior del partido y la soberbia propia de quienes se creen herederos del proyecto de Andrés Manuel López Obrador.
El plan transexenal construido por López Obrador es mantenerse en el poder hasta 2036, empezado por él, luego Claudia Sheinbaum y concluyendo con Andrés López Beltrán. Eso según versiones dentro del propio partido Morena.
Pero los tropezones de las últimas semanas –muchos de ellos generados por la soberbia de sentirse intocables– por parte de varios de sus principales miembros que tomaron decisiones más allá de la legalidad, como el financiamiento de campañas políticas con recursos del huachicol fiscal, tiene efectos que tambalean el proyecto cuatroté.
