Allen Ginsberg a 100 años: reivindican su legado poético más allá del movimiento ‘beat’

h

Junio 1 de 2021

Este 3 de junio se cumple el centenario natal de una voz hecha de jazz, sexo, plegarias budistas y ciudades nocturnas: Allen Ginsberg (1926-1997).

Para el poeta, traductor y periodista argentino, Esteban Moore, quien convivió con el autor de Aullido y tradujo parte de su obra al español, el núcleo del escritor estadunidense nunca estuvo en el mito beat ni en el estereotipo jipi.

“Todo eso era secundario frente a su verdadera vocación: la poesía y su fe en ella”, sostuvo en entrevista con La Jornada.

Moore conoció personalmente a Ginsberg en julio de 1990, durante un encuentro de escritores en el Instituto Naropa, sede de la Jack Kerouac School of Disembodied Poetics, en Boulder, Colorado. Después de un viaje agotador con cuatro escalas, apenas acomodaba sus cosas en el departamento asignado por la universidad cuando alguien golpeó la puerta.

“Grande fue mi sorpresa al encontrarme con Allen Ginsberg para darme la bienvenida”. El poeta llevaba consigo un libro de Ed Sanders y otro de Andrei Codrescu. Se los entregó como quien comparte una lectura indispensable.

Había escuchado que preparaba una traducción de Lawrence Ferlinghetti para la Colección de Obras Representativas de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. “Mañana te lo presento”, le dijo con absoluta naturalidad. Y así ocurrió. Durante los días siguientes lo acercó a Anne Waldman y a otros escritores que circulaban por Naropa.

Conservó de Ginsberg la imagen de alguien empeñado en poner libros en las manos ajenas, recomendar autores y prolongar conversaciones hasta bien entrada la tarde. Era, a su parecer, “un hombre muy generoso en conocer no solo su obra, sino la de aquellos que consideraba relevantes”.

En una de esas conversaciones, Ginsberg quiso saber si conocía traducciones de su trabajo al castellano. El autor argentino respondió que apenas había leído la antología publicada por Penguin Books junto a Gregory Corso y Lawrence Ferlinghetti, “las otras dos almas del movimiento beat”.

A la mañana siguiente encontró un sobre frente al departamento. Dentro estaba White Shroud, Poems 1980-1985, dedicado e ilustrado por el propio Ginsberg con un dibujo cercano a un dragón o un monstruo indefinido coronado por un sexo desproporcionado.

Moore regresó a esa escena porque buena parte de las lecturas alrededor de Ginsberg terminaron reducidas al flower power, la protesta antibélica o la imagen del gurú beat.