Peste porcina pone en jaque a España; están en juego 39 mil mde
Diciembre 7 de 2025
Madrid. El sector porcino español, el más grande y productivo de la Unión Europea (UE) –con casi 35 millones de cabezas– está en jaque ante el brote de peste porcina africana (PPA) que se detectó en la región limítrofe de la ciudad de Barcelona y que ha provocado que países como México, China, Taiwan, Japón y Estados Unidos hayan decidido suspender cualquier tipo de importación de origen español de este sector.
Los últimos hallazgos sobre el origen de la epidemia han saltado las alarmas de los expertos, ya que según un informe realizado por el ministerio de Agricultura español el tipo de cepa detectado en el ganado infectado puede proceder de un “laboratorio”.
Desde que estalló esta crisis sanitaria se han localizado ya 13 jabalíes infectados con la enfermedad, todos ellos en la localidad de Collserola del Vallés, en el área conurbada de Barcelona, y los informes son contundentes: es PPA, un mal hemorrágico de altísima virulencia, letal para cerdos y jabalíes. Aunque no afecta a las personas ni por contacto ni por consumo de carne, su resistencia ambiental (capaz de sobrevivir semanas en el barro o en objetos contaminados) la convierte en una amenaza para el sector pecuario en España, que desde su erradicación en 1994 no se había vuelto a enfrentar a una epidemia así, para la que no hay vacuna ni tratamiento, sólo medidas para evitar el contagio y su propagación.
Este escenario pone en riesgo al conjunto del sector pecuario español, sobre todo el porcino, que tiene un valor económico de alrededor de 39 mil millones de euros, según informes de la administración pública.
El PPA se detectó por primera vez a la península Ibérica en 1957 y llegó, según las investigaciones realizadas, por aire al haber sido introducido a través del aeropuerto de Lisboa, donde los cerdos próximos al aeródromo se infectaron tras ingerir restos de comida contaminada procedente de vuelos cuyo origen eran varios países de África. A partir de entonces se expandió por el resto de Europa, dejando a su paso algunas de las crisis alimentarias y agrícolas más severas de la historia.
Los síntomas en los animales pueden variar, pero el final casi siempre es el mismo: fiebre alta, hemorragias internas y muerte en un lapso de entre 6 y 20 días, con una tasa de mortalidad que roza 100 por ciento. Además, la transmisión es de doble vía: puede darse por contacto directo entre animales o de forma indirecta, mediante restos de comida, fluidos contaminados, objetos como herramientas agrícolas, calzado, ruedas de vehículos o incluso insectos como las garrapatas que suelen habitar de forma habitual en el ganado.
